ıllı Rentabilidad Por Dividendo »【Sacar Partido】↓

Consideramos la rentabilidad por dividendo, como la rentabilidad que se ha obtenido a través del cobro de dividendos  de forma exclusiva, por el solo hecho de ser el propietario o titular de una acción.

Esta rentabilidad se expresa, por norma general, en porcentaje y se calcula con base en unos criterios matemáticos, que explicaremos a lo largo de la presente publicación.

Cómo se calcula la rentabilidad por dividendo

Plataforma Web

10$
Forex & CFD: DEMO GRATIS
Plataforma Web Fácil Usar
Chatear con otros traders

¡Broker Profesional!🔒

100
7 Regulaciones: MT4&MT5
Academia Aprendizaje Gratis
Vídeo Tutoriales + Ebook + Indicadores

Robot Forex🤖

25€$
¡Dinero Automático!
Retiros en 1 Hora
Diseñado para ganar para ti

En términos generales, el cálculo de esta rentabilidad se realiza mediante la comparación del dividendo que esperamos por cada acción de bolsa, con el precio de la acción que estemos calculando.

Vale la pena formular una aclaración, en cuanto a que, el dividendo que esperamos de cada acción de bolsa, también se conoce a través del acrónimo DPA.

Continuando con el hilo conductor del tema en sí, digamos que existe cierta relación directa entre lo que se reparte por concepto de dividendos y la rentabilidad por dividendo.

Los lectores nos dispensarán por la continuada repetición de términos, pero, cuando se trata un tema técnico (como todos los que tratamos en las publicaciones de Pullback Trading), es inevitable.

Continuemos, entonces, con nuestra exposición. Hacíamos alusión a la cierta relación directa que existe entre lo que se reparte por concepto de dividendos y la rentabilidad por dividendo.

Pues bien, si nos fijamos, en cambio, en la relación entre el precio de la cotización de una acción de bolsa y su rentabilidad por dividendo, la relación misma es inversa.

Normalmente, la rentabilidad por el dividendo es comparada con la rentabilidad obtenida a través de la deuda pública, por cuanto los dividendos obtenidos tienen similitud con los cupones que se ofrecen a través de los bonos estatales.

La actitud del inversionista frente a la rentabilidad por dividendo. Será un “caramelo” o un “regalo envenenado”?

Las compañías que cotizan en bolsa y que, además, gozan de una alta rentabilidad por dividendo, siempre serán más atractivas para los inversores.

En cierta medida, no deberíamos de haber mencionado lo anterior, en vista de su notoria obviedad. Pero, como lo demostraremos más adelante, el asunto no es tan obvio, en realidad.

De la misma manera es, en principio, obvio también, que los inversionistas no apetezcan las acciones de compañías que no cuentan con una buena rentabilidad por dividendo.

A todas estas, surge un interrogante casi que obligatorio: ¿se trata, realmente, de una oportunidad de inversión segura?

En otras palabras, ¿cuándo una compañía está repartiendo altos dividendos, podremos estar seguros de que no tendremos inconvenientes a futuro?

Aquí, en este punto de la exposición, es donde radica el quid del asunto o, si se quiere, la esencia nuclear de la presente exposición.

Así las cosas, digamos que  es necesario desmitificar las inversiones que se basan, solamente,  en la rentabilidad por dividendo.

De todas maneras, es preciso acotar que sí se trata de un aspecto a considerar por parte del inversor medio. Sería de lo más absurdo no examinar este factor, a la hora de invertir en acciones de bolsa.

Claro está, que lo que acabamos de plantear, aplica para el inversor que está ingresando dinero de forma periódica o, si se quiere, el “inversor medio”, como ya lo habíamos anotado.

Formuladas estas salvedades, digamos que siempre será necesario “mirar más allá” del solo factor de la rentabilidad por dividendo y analizar, además e inevitablemente, si la compañía está generando valor.

Ahora, es preciso tener en cuenta que, algunas veces, el reparto de dividendos actúa como una especie de “fachada” (trampa) inversora en el mediano y en el largo plazo.

Seamos más explícitos, de cara a una mejor comprensión de parte del lector. No son pocas las ocasiones, en las que las empresas son sometidas a presiones por parte de las juntas de accionistas. ¿Presión para qué?

Para que se repartan dividendos, aún sin que los balances de la compañía, así lo permitan. Los accionistas que, usualmente, son cortoplacistas, necesitan “el dinero ya” y sin importar la situación financiera de la compañía.

Todo este panorama, no puede tener otro desenlace diferente a la pérdida de valor de la empresa. Pero, lo más delicado aún, radica en que  los fondos de inversión y los grandes inversores, pierden la confianza.

Y todo se va sucediendo, como en una especie de cadena ineludible. Tal desconfianza redunda, indefectiblemente, en una caída en la cotización de la acción.

Podría parecer un panorama de lo más contradictorio “a ojo de buen cubero”, pero la gran realidad es que así operan los mercados y, más específicamente, las bolsas de valores.

De todo lo anotado, podemos pregonar una lección. Las compañías, antes que preocuparse por la presión de los accionistas, deben “equilibrar las cargas” y pensar en sus perspectivas de crecimiento.

¿De qué le sirve al accionista recibir una buena cantidad de metálico periódicamente, si la empresa de la cual es accionista no está creciendo?

O, peor aún, ¿será recomendable estar recibiendo un nutrido cheque “cada cuanto”, mientras la compañía en la que se ha invertido (en acciones) se desploma?

¿Qué tipo de empresas suele repartir dividendos de forma regular?

Las compañías que suelen repartir dividendos, de manera más o menos regular, son las empresas que gozan de cierta estabilidad y solidez pero, eso sí, con una tasa de crecimiento inferior a la del mercado.

No obstante ser el tema de la rentabilidad por dividendo, la temática central de la presente publicación, hemos considerado conveniente hacer alusión a este “subtema”, en particular, por su importancia.

No sin antes recordar que las compañías no están obligadas a repartir dividendos (por lo menos, en España), anotemos el por qué la tasa de crecimiento debe ser inferior a la tasa del mercado.

Por una razón clara y contundente: de otro modo, necesitarían recursos adicionales para financiar su crecimiento, a costa del accionariado.

A este tipo de empresas, se les suele englobar dentro del sector del “utillities”, que orientan sus actividades empresariales hacia el sector energético o, bien sea, al sector bancario.

Estos sectores, la gran mayoría de las veces, son bastante rentables. Es bien difícil (aunque se presenta de cuando en vez, por supuesto), ver desplomarse a una compañía del sector bancario o del energético.