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Uno de los principales inconvenientes con los que se suelen encontrar los ahorradores, es “enfrentarse” al fisco. Al momento de declarar las plusvalías generadas por un fondo de inversión, aparecen los problemas.

Más aún, si se trata de un fondo de inversión con el que el ahorrador tiene invertido su dinero, desde hace años ya. El ejemplo típico de lo que estamos hablando, es el ahorrador medio.

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Más específicamente, nos referimos al ahorrador medio que dispone de entre 15.000 a 30.000 euros y que se ha deshecho o que pretende deshacerse de este dinero.

En tratándose de la fiscalidad en los fondos de inversión, las sorpresas desagradables aparecen cuando, al momento de realizar la declaración de renta, nos encontramos con que tenemos que declarar las plusvalías.

Hasta el concepto de “la obligación de declarar las plusvalías”, no hay nada de extraño ni de inusual. Es lo obvio y siempre ha sido de esa manera.

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El quid del asunto, radica en que es necesario declarar por las plusvalías obtenidas por la venta del fondo de inversión.

Así las cosas, el pequeño y mediano ahorrador no había tenido en cuenta la fiscalidad en el fondo de inversión y el impacto sobre sus ganancias netas.

Además de las comisiones, lo que ya, de por sí, representa una disminución en los rendimientos, los pequeños y medianos ahorradores deben tener en consideración el cómo van a tributar las plusvalías.

Es necesario saber la manera en que se van a tributar las plusvalías obtenidas a través de los productos de inversión, como pueden ser los fondos de inversión o los ETFs.

No todo lo que brilla en los fondos de inversión, es oro

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De acuerdo con las conclusiones recabadas, luego de algunos estudios realizados sobre los fondos de inversión americanos, es posible que nos percatemos de que no todo es oro, en tratándose de estos fondos.

Cuando pretendamos o, si se quiere, visualicemos una rentabilidad anual determinada, es preciso que analicemos detenidamente un aspecto que es, realmente fundamental: la rentabilidad neta

Así, por ejemplo, será muy posible que se nos hable de unas rentabilidades que concuerden con nuestras aspiraciones y con  lo que, usualmente, sucede en el entorno financiero (aparentemente).

Pero, al momento de revisar las rentabilidades netas, descontando la inflación, las tasas por dividendos y la propia fiscalidad en los fondos de inversión,  aparecen las sorpresas.

Sorpresas estas, que emergen al ver cómo baja, ostensiblemente,  la rentabilidad real que es la que, en último término, nos interesa a todos los ahorradores.

Detengámonos, un tanto, en el tema de la inflación en función de la rentabilidad neta que puede obtener un ahorrador de los fondos de inversión.

Son muchas las personas, realmente, que no se percatan de este fenómeno, como uno de los factores principales que impactan en la rentabilidad real de sus ahorros.

Así la inflación esté controlada, de todas maneras tiene su influencia en el poder adquisitivo del dinero, con el transcurso del tiempo.

Formulada esta conceptualización sobre el impacto de la inflación en el ahorro, continuemos, entonces, con el hilo conductor del tema central de la presente publicación.

Hablábamos de los estudios realizados sobre los fondos de inversión americanos. En tal sentido, es importante tener en consideración que, aun siendo análisis sobre los fondos americanos, nos pueden ilustrar.

Y nos pueden ilustrar, dado que no es mucho lo que distan los fondos americanos de los europeos, en muchos sentidos. La fiscalidad en los fondos de inversión, es uno de los aspectos en los que se asimilan.

Así las cosas, tanto “allá como aquí” se tiene una realidad bien diferente a la que nos muestran en los folletos que, dicho sea de paso, nos hacen creer que “tomaremos el cielo con las manos”.

No es nuestra intención despotricar de los fondos de inversión. Pero, tal y como sucede con casi todas (por no decir “todas”) las entidades financieras, no le suelen mostrar al cliente “la verdad desnuda”.

Algo bien parecido, sucede con los bancos en todas las latitudes. Cuando vamos a abrir una cuenta de depósito de ahorros o una cuenta corriente, nos entregan un clausulado “en letra microscópica”.

Siempre (no “casi siempre”) nos entregan un sinfín de cláusulas y condiciones que, bien saben las entidades financieras, el 90% de los clientes no van a leer.

Exactamente lo mismo, sucede con los fondos de inversión. En tal virtud, será necesario explorar detenidamente y, ojalá con la asesoría de un experto, lo que nos están “prometiendo” (valga la expresión).

No sabemos, realmente, cuantos (y cuáles) fondos españoles (para circunscribirnos a nuestro país, así nuestros contenidos sean leídos por internautas de todo el mundo) plasman en sus folletos, lo relativo a la fiscalidad en los fondos de inversión.

En fin y a todas estas, y sin detenernos demasiado en el tema de lo que no se nos dice abiertamente y de entrada, digamos que son las comisiones las que más afectan la rentabilidad de nuestros ahorros.

Tal y como lo aludíamos en otros pasajes de este post, en España y, si se quiere, en Europa (en general), la inflación se encuentra controlada, por lo menos, en la actualidad.

Reforma fiscal para 2015. ¿Cuál será la fiscalidad en los fondos de inversión?

En este acápite de la publicación, sacaremos algunas conclusiones respecto de la fiscalidad de los fondos y de los productos financieros para ahorradores.

Cuando el ahorrador o, si se quiere, el inversor decide contratar alguno de los fondos de inversión de los que disponemos en la actualidad, debe informarse previamente de muchos aspectos.

Deberá conocer lo relacionado con las comisiones lo que, normalmente, dependerá del gestor del fondo. Las comisiones se pueden clasificar de la siguiente manera:

  • Comisión de depósito: se aplica sobre el patrimonio del fondo.
  • Comisión por gestión del fondo de inversión contratado: representa el cobro por la gestión de los capitales aportados.
  • Comisión por suscripción del fondo de inversión: comisión sobre el importe invertido sobre el fondo.
  • Comisión de reembolso: depende de la política que ha implementado el fondo de inversión y el propio gestor del mismo.

Concluyendo, de momento, sobre esta publicación dedicada a la fiscalidad en los fondos de inversión, lo más conveniente será disponer siempre de los servicios de profesionales que nos asesoren.

De esa manera, será muchísimo menos probable que nos equivoquemos al momento de invertir nuestro dinero en los fondos de inversión.

Que no sea que, por desconocimiento, nos sorprenda el aspecto fiscal al momento de liquidar nuestro fondo. La fiscalidad en los fondos de inversión, nos puede llegar a afectar, al igual que lo hacen las comisiones.