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Maurice Allais, nació el 31 de mayo de 1911 en París. Ganador del Premio Nobel de Economía en 1988 por sus contribuciones a la teoría de los mercados y a la utilización eficiente de los recursos. Es un físico y economista francés de reconocido prestigio.

Este eminente economista francés suele ser considerado como el padre de la escuela moderna francesa de economía. Es uno de los investigadores más rigurosos de la economía mundial, con una obra conocida en todo el mundo en el ámbito científico. Sin embargo su obra no era muy conocida para el gran público e incluso para muchos colegas de profesión. La Academia Sueca, tenía a Allais como candidato al Nobel desde hace varios años.Guía Forex Gratis

Su elección para tan prestigioso galardón provocó el reconocimiento del mundo de la economía, y altas personalidades como Friedman, Samuelson, Brunner y otro así lo expresaron. Concretamente Paul Samuelson que recibió el premio en 1970 señalaba que “Si anteriormente, durante su carrera, Maurice Allais hubiera publicado sus investigaciones en inglés, habría obtenido el Nobel hace tiempo y la teoría económica habría evolucionado en forma diferente”.

Allais se graduó inicialmente como ingeniero y hasta después de la crisis del 29, tras una visita a Estados Unidos no se orienta hacia la economía. Su obra es muy personal e independiente, a la vez que profunda. El mismo la define así: “Si usted me permite yo no calzo ninguna categoría, excepto en la mía. Yo no soy un monetarista y no soy un keynesiano. En ciertos puntos yo coincido con cada uno de ellos”. Su obra y su carrera, estuvo en gran parte signada por la precariedad de medios.

De toda su amplísima obra, la Academia Sueca destacó que el premio le fue concedido por sus “pioneros desarrollos para mejorar el entendimiento sobre el comportamiento de los mercados y el uso eficiente de los recursos”.

A partir de 1944 fue profesor de economía y director de investigaciones económicas en la Escuela Superior de Minas, y desde 1954 ocupó el cargo de Director de Investigaciones del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, el CNRS… cuando su enorme obra, escrita casi toda en francés y casi nada traducida a otros idiomas sale a la palestra en las noticias internacionales ya había recibido varias condecoraciones, ya que fue por ejemplo el primer economista francés en recibir la medalla de la Legión de Honor, la de oro del CNRS, etc

Su obra es enorme y de altísima calidad, con un alto contenido matemático en parte, y no se puede abordar desde una sucinta biografía como esta. Tan sólo resaltar algunos aspectos relevantes, y quizá profundizar levemente en algunos como por ejemplo la paradoja de Allais, que es una de sus primeras contribuciones recogida en una obra nunca traducida; “A la recherche d’une discipline économique” aparecida en 1943 y creada en medio de grandes reservas, dado que Francia estaba ocupada.

La segunda parte de este tratado ve la luz en 1952 con el título de “Traité d’économie pure”. Un libro muy extenso considerado una excelente síntesis de la teoría microeconómica, que estaba muy por delante de la producción académica anglosajona y que seguramente fue muy tenida en cuenta para su formación.

La segunda obra en relevancia sería “Economíe et Interet”, es publicado en 1947 y está consagrado a la teoría del capital, donde se hace una perfecta síntesis del debate de la época sobre la naturaleza del interés como el precio que igualaba la demanda de inversiones con la oferta de ahorro, o como el valor de preferencia por la liquidez. La tasa de interés no tiene porqué ser necesariamente positiva, aunque ha sido casi siempre así, estableciendo que cuanto más se favorecía la inversión más se acercaba aquella a la tasa a la que crece la economía.

A través del sistema de precio, en medio de un amplio abanico de herramientas matemáticas, desarrolla su “Théorie du Rendement Social”. En él habla de que las decisiones de las empresas no viven ajenas al mundo que las rodea, y en ese mundo el sistema de precios juega un papel fundamental. Una pequeña empresa no puede fijar precios y las grandes se comportan de acuerdo al bienestar social.

Tenía preocupación por los monopolios estatales lo que le llevó a dedicar buena parte de su obra. Incluso en el caso de monopolios demostró que era posible determinar un precio óptimo que sea socialmente eficiente en el sentido de que “ninguno puede hacerlo mejor sin hacer que siempre otro empeore si se cambia el precio”. Durante la década de los años 50 empleó mucho tiempo de su obra al tema de la economía de lo incierto. Hay que añadir su nombre al de muchos que llevaron a adelante el pensamiento económico a través de la introducción sistemática de la incertidumbre, con nombres como von Neumann, Morgenstern, Pratt, Arrow, Samuelson, Friedman, Savage, Tobin, etc.. Sería interesante destinar unas líneas sobre sus trabajos sobre la adopción de decisiones racionales en condiciones de incertidumbre.

Para ubicar mejor los aportes de Allais al mundo de la economía es necesario efectuar alguna consideración preliminar. En la Universidad de California, en Los Angeles, se trataba el riesgo y la incertidumbre de las decisiones económicas. Ese estudio pasaba por demostrar la insuficiencia del valor monetario esperado, o VME como un criterio válido para tomar decisiones de riesgo y llegaba a la teoría de la maximización de la utilidad esperada MUE. En el caso del VME y en situaciones en las que hubiera que elegir, se asumía que el fin era maximizar el retorno esperado de dinero.

Supongamos, considerando un ejemplo sencillo y tomando ciertos supuestos, que tenemos que decidir entre dos opciones. Un negocio A que tiene tres eventualidades, que son $ 6.000, $ 4.000 o $ 1.000 de ganancia con probabilidades de 0.3, 0.4 y 0.3 respectivamente. En este caso el valor monetario esperado es $ 3.700 1

El negocio B tiene las eventualidades de perder 10.000 o de ganar $ 20.000 o $ 7.000, con probabilidades respectivas de 0.5, 0.4 y 0.1. El valor monetario esperado de B también nos da 3.700 2. Según este criterio, 3 matemáticamente muy utilizado durante mucho tiempo, sería indiferente elegir una opción u otra. Si embargo, en la realidad los sujetos se inclinan por A o por B, más allá de que tengan el mismo VME. Se introducen así las preferencias subjetivas ante el riesgo.

La insuficiencia del VME la expuso por primera vez Bernoulli en 1730 en San Petersburgo, en la Academia de las Ciencias. Distinguía entre suma dineraria (pretium) y la utilidad que esa cantidad le reporta al sujeto. Le llamaba emolumentum.

Plantea la discusión de si es erróneo o no vender en 9.000 ducados un billete de lotería que tenía las mismas posibilidades de tener cero o 20.000 ducados de premio. (El valor monetario esperado es 10.000 ducados, o sea 0.5 x 0 + 0.5 x 20.000).

Por tanto, esta utilidad, si se mide no en términos de ganancia sino de satisfacción, incluyendo las preferencias subjetivas ante situaciones inciertas, fue la antesala de la consideración de dar por superado el valor monetario esperado y dar paso a la utilidad esperada.

Hasta que John von Neumann y Oskar Morgenstern (VN –M) en “Theory of Games and Economic Behavior” de 1947, pasó mucho tiempo. Ellos definieron que la utilidad es un número que usa aquel sujeto que debe tomar una decisión sobre retribuciones en condiciones de incertidumbre. En realidad, el concepto moderno de VN-M es un intento de crear una teoría del comportamiento racional.

En esta teoría subyace una idea central que es que si una apuesta se realiza con iguales oportunidades, no tiene porqué ser necesariamente equitativa, a no ser que implique para el jugador ventajas y desventajas iguales. La simetría de ganancias y pérdidas en moneda no es ni de lejos la simetría de utilidades y no utilidades económicas. Marschak lo definió con esta frase “una bolsa llena no es tan buena, como no es tan mala una bolsa vacía”.

VN-M, crearon en consecuencia una función de utilidad para transformarla en algo medible lo que va a diferenciarla de la idea original de J. Hicks, y R. Allen (1939). Aunque es medible, la distinguen de la utilidad cardinal de A. Marshall ya que si para él es una cantidad psicológica que mide el placer y el dolor, el concepto de VN-M a diferencia de esta es un verdadero índice numérico que evalúa situaciones de futuro incierto.

Se supone en general, que este valor es un soslayador de riesgo el que cede el valor monetario que se espera. Es el caso en el ejemplo de Bernoulli de quien vendía su billete en 9.000 ducados cuando 10.000 ducados era el valor monetario que se esperaba.

Las ideas de VN-M se ampliaron posteriormente por diversos autores, entre ellos los profesores de la UCLA.

Una vez que se agotaron las principales aportaciones, los maestros defensores de la teoría de la MUE, empezaban a explicar que no todo el mundo estaba de acuerdo con esta teoría y que un autor francés llamado Maurice Allais, había hecho muchas críticas sobre ella, sugiriendo a los alumnos su lectura, a través eso sí de una introducción. La recomendada era el “Portfolio Selection” de H. Markowitz antesala de la lectura de Allais. La sugerencia era sutil. La complejidad, profundidad y rigor científico de Allais era impresionante. En su trabajo “Le comportement de l’homme rationnel devant le risque: Critique des Postulats et axiomes de l’école américaine » aparecido en Econométrica en 1953, servía como demostración de que la maximización de la utilidad tampoco es la esencia del comportamiento racional. Muestra algunos ejemplos surgidos de las investigaciones, en los que acciones razonables de los sujetos entran en contradicción con la MUE. Aparte de la elegancia de esta teoría Allais pone de manifiesto que el comportamiento humano es mucho más complejo y contradictorio de lo que se propone en ella.

Si enfrentamos a un sujeto a tomar una decisión arriesgada en determinados rangos de riqueza y probabilidades, escogerá por ejemplo la opción de aversión al riesgo. Pero el mismo sujeto, en otros rangos de riqueza o de probabilidades elegirá paradójicamente en términos de la MUE la opción que contiene una contradicción con respecto a la primera decisión y que en ocasiones por ejemplo lo define como un buscador de riesgos. Ese detalle de sus famosos ejemplos no refleja la realidad de la complejidad del autor, pero ellos son los que ponen de manifiesto estas contradicciones que se conocen como la “paradoja de Allais”.

Se había superado el VME, se había llegado a la MUE y luego había aparecido la crítica de Allais.

Tras muchos años en la penumbra sus trabajos vieron la luz para el gran público, primero especializado y luego general hace unos 15 años, momento en que se reconocen sus ideas y hoy en día son muchos los modelos que toman en consideración contribuciones de este investigador francés en un campo tan fundamental como es la economía.

Aunque los supuestos y comentarios de algunas de sus teorías parecen algo abstractos o teóricos, frecuentemente las decisiones que tomamos en la vida práctica se van haciendo, sin saberlo a expensas de alguna teoría expuesta que confirma nuestro comportamiento de alguna manera. Allais y sus teorías sirvieron y sirven en la actualidad a la hora de fijar los precios, tomar decisiones de inversión, mercados de capitales, etc.

Maurice Allais no solamente investigó con mucho rigor, sino que desde 1944 fue un profesor insigne que junto con un grupo de economistas de reconocido prestigio tomaron después caminos intelectuales propios, aunque sin duda son tributarios en sus raíces conceptuales y en su metodología de las enseñanzas del Nobel.

Todos ellos constituyen la moderna escuela francesa de economía matemática, con nombres como Marcel Boiteux, Edmond Malinvaud, André Giraud, Pierre Massé, Gérard Debreu, (Premio Nobel de Economía 1983, quien desde 1975 trabaja en Berkeley después de nacionalizarse en Estados Unidos), Thierry de Montbrial, Dominique Strauss-Kahn, etc..

Además de haberse mantenido o no en la línea de pensamiento, mantienen una gran admiración por el maestro Allais. El brillante estudiante que en medio de las adversidades fue capaz de elaborar una de las más brillantes obras sobre economía y que hoy recibe una distinción de excelencia que también lo es para Francia y sus compañeros de profesión.

También destaca ver que un investigador solitario, original y tenaz es capaz de ser reconocido sin espectaculares intervenciones públicas, sino desde el trabajo anónimo. Verle premiado es alentador, pero más el pensar que se le hace justicia a un erudito cuyo fin último es publicar obras que lleven, en sus palabras, a “mejorar las condiciones de vida de los hombres”.

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